Sonidos diversos en el Día 2 de Rock al Parque

Los 30 años del festival marcan un punto de inflexión porque ahora hay que darle para adelante con los sonidos de hoy.

Niña Lobo


Por: Buque de Papel


Desde Montevideo, Uruguay, la agrupación femenina de indie rock Niña Lobo hizo su presencia en el Parque Simón Bolívar. Conformada por Camilla Vieri, Andrea Pérez, Isabela Chaves, Julia Barpo y Sofía Rivero, la banda se ha consolidado en la escena alternativa sudamericana con un sonido caracterizado por guitarras distorsionadas, voces melódicas y letras de corte introspectivo que retratan las vivencias de la juventud urbana.


En su presentación ante el público bogotano, el quinteto interpretó un repertorio nutrido de su catálogo discográfico. La agrupación desgranó temas de sus primeros trabajos extended play, Niña Lobo (2019) y Migrar (2020), producciones que les abrieron paso en el circuito independiente del Cono Sur y motivaron colaboraciones con figuras de la música rioplatense como Santiago Motorizado y Martín Rivero.


El punto culminante de su show estuvo marcado por la ejecución de los cortes de su primer LP de larga duración, Lo que aprendí sobre la casa (2022). A través de matices que van desde el lo-fi hasta pasajes del post-punk y el surf rock, Niña Lobo envolvió a la audiencia en una atmósfera donde la melancolía y la fuerza instrumental caminaron a la par.


Su paso por Rock al Parque 30 años ratifica la vigencia del recambio generacional en el rock latinoamericano. La propuesta del grupo demostró por qué la escena uruguaya actual continúa siendo una de las canteras más frescas, creativas y potentes de la región.


Alto Grado


Por: Buque de Papel


La cuota del rock alternativo y hard rock bogotano estuvo representada por Alto Grado, una de las agrupaciones de mayor solidez técnica y constancia dentro del circuito distrital. Con más de una década de trayectoria en la escena nacional, la banda tomó el control del escenario desde el primer segundo con una propuesta caracterizada por riffs pesados, una base rítmica demoledora y una voz al frente cargada de carácter.


La banda repasó canciones clave de su catálogo, en el que destacan producciones como su álbum Sonido Estéreo (2014) y múltiples sencillos que han circulado con fuerza en las emisoras de rock del país. Su presentación ofreció un muro de sonido sin fisuras, donde las influencias del rock de los noventa y el metal alternativo se conjugaron con una producción contemporánea.


A lo largo de su actuación, Alto Grado mantuvo un nivel de energía constante que convocó el salto y el pogo masivo de los asistentes en la plaza principal. La madurez de su ensamble y la solvencia de sus músicos evidenciaron el resultado de años de giras, festivales independientes y trabajo de autogestión en la capital.


La intervención del grupo dejó en evidencia la fortaleza del rock elaborado en Bogotá, demostrando que la escena local posee agrupaciones con la potencia escénica y la calidad técnica requeridas para medirse al tú por tú con cualquier acto internacional.


Claudio Narea (Tocando Los Prisioneros)


Por: Buque de Papel


El guitarrista, compositor y escritor chileno Claudio Narea, miembro fundador de la emblemática banda Los Prisioneros, se presentó en el festival para repasar los himnos fundamentales del rock en español de la década de 1980. Su presencia trajo al Simón Bolívar una carga de memoria histórica y vigencia musical ante una multitud intergeneracional.


Acompañado por una alineación solista ajustada y directa, Narea ejecutó con fidelidad las líneas de guitarra y los arreglos que inmortalizó en los discos cumbre de Los Prisioneros, tales como La voz de los '80 (1984), Pateando piedras (1986) y La cultura de la basura (1987). Canciones cargadas de crítica social, ironía política y protesta urbana volvieron a retumbar en el parque.


El concierto se transformó en un gran coro colectivo donde miles de asistentes corearon composiciones que marcaron a la juventud sudamericana durante las dictaduras y los procesos de transición democrática del Cono Sur. El sonido directo, sin pretensiones ni artificios, privilegió la crudeza del formato de trío rock.


La actuación de Claudio Narea demostró que el mensaje y la estructura armónica del punk y el new wave ochentero no pierden fuerza con el paso del tiempo. Por el contrario, se recalibran y mantienen su capacidad de convocatoria en los escenarios masivos del continente.


La Brigada RPF


Por: Buque de Papel


El rap combativo y la fusión urbana de La Brigada RPF tomaron el escenario con una propuesta de contundente contenido social, caracterizada por líricas enfocadas en las realidades de barrio, la resistencia comunitaria y el pensamiento crítico. Desde el primer estallido de la base rítmica, la agrupación estableció una conexión directa con el público.


El grupo desplegó un repertorio donde el hip-hop dialoga con elementos del rock, el funk y los ritmos latinos. Las rimas afiladas de sus MCs abordaron temáticas de cotidianidad, dignidad laboral y denuncia territorial, convirtiendo la tarima en un espacio de expresión directa de la cultura de calle.


La presentación estuvo acompañada por una dinámica escénica enérgica que mantuvo la tensión y el dinamismo durante todo el set. La respuesta de la masa fue inmediata, respondiendo con los puños en alto y acompañando los coros de cada una de las canciones presentadas.


El paso de La Brigada RPF por esta edición del festival reafirma que las expresiones urbanas y el hip-hop de corte contestatario son un pilar indispensable dentro de la diversidad estética que ha construido la historia de Rock al Parque.


Brina Quoya


Por: Buque de Papel


La cantante, compositora, bajista y productora bogotana Brina Quoya ofreció uno de los espectáculos más sofisticados, envolventes y estéticamente arriesgados de la jornada. Navegando con maestría entre el neo-soul, el R&B, el trip-hop y la música de vanguardia, la artista construyó un viaje sonoro caracterizado por arreglos impecables y matices de gran elegancia.


En su presentación, Brina Quoya ejecutó piezas clave de su producción discográfica, incluyendo temas de su celebrado EP Givenchy (2018) y sus lanzamientos más recientes. Su trabajo en el bajo eléctrico, sumado a la calidez de su registro vocal y el ensamble de su banda de acompañamiento, ofreció una experiencia sonora rica en texturas y polirritmias.


El apartado visual y conceptual del show complementó la propuesta musical, evidenciando una dirección artística rigurosa que cuida tanto la estética de vestuario como el diseño de iluminación y atmósfera. Esta propuesta integral distanció su set de los formatos tradicionales de rock directo, apostando por la introspección y el groove.


La actuación de Brina Quoya ratificó que la escena independiente colombiana cuenta con creadoras y productoras de altísimo nivel técnico, capaces de explorar las fronteras del sonido alternativo sin perder la calidez ni la conexión con la audiencia.


Últimos Nietos


Por: Buque de Papel


Provenientes de Cali, la agrupación Últimos Nietos trajo a Bogotá toda la contundencia y aceleración de la escena alternativa del suroccidente colombiano. Con un sonido crudo, veloz y directo al pecho, la banda desató una de las respuestas más frenéticas por parte del público en la plaza.


El repertorio de la agrupación expuso la carga crítica de sus letras y la potencia de sus ejecuciones de guitarra, influenciadas por el punk rock, el hardcore y el rock alternativo de fines de los noventa. Sus canciones abordan tensiones sociales, vivencias juveniles y posturas de resistencia ciudadana desde una perspectiva regional.


Durante su tiempo en tarima, la banda mantuvo una entrega física sin pausas, contagiando al público e incitando la formación de círculos de pogo en el centro del recinto. El ensamble instrumental lució amarrado y con un volumen arrollador que no decayó en ningún momento.


La presencia de Últimos Nietos en el festival puso en evidencia el poderío y la vigencia del rock hecho en las regiones del país, probando que fuera de la capital existen circuitos independientes con identidad propia y una fuerza sonora impecable.


El Punto Ska


Por: Buque de Papel


El ritmo frenético, los vientos festivos y el contagioso contratiempo de El Punto Ska convirtieron el parque en una celebración colectiva. Con una dilatada trayectoria en el circuito bogotano, la agrupación revalidó su posición como uno de los referentes indiscutibles del ska y la música de baile en la capital.


La banda desplegó un recorrido por su producción musical, caracterizada por una sección de vientos afilada, líneas de bajo caminantes y una percusión impecable. Sus interpretaciones combinaron la energía festiva del ska tradicional con influencias del reggae, el rocksteady y los ritmos latinos.


El espectáculo convocó a miles de asistentes a un baile masivo y organizado, donde la audiencia acompañó cada tema con coros y saltos. La propuesta lírica del grupo mantuvo en todo momento un enfoque orientado hacia la convivencia, la unidad, el respeto por la diversidad y la alegría comunitaria.


Con una ejecución instrumental precisa y un dominio absoluto del escenario masivo, El Punto Ska demostró que los géneros caribeños y festivos son componentes vitales para la dinámica y el disfrute de los festivales al aire libre en Bogotá.


Elsa Riveros


Por: Buque de Papel


La cuota de poder interpretativo, riqueza armónica y voz de carácter estuvo a cargo de la cantautora Elsa Riveros. Su actuación sobre el escenario principal cautivó de inmediato a los asistentes gracias a una propuesta que transita entre el rock de autor, el pop alternativo y matices de la música fusión.


Acompañada por una formación de músicos de alto nivel técnico, la artista ofreció un repertorio caracterizado por arreglos minuciosos en el piano, la guitarra y la sección rítmica. La expresividad de su voz permitió transitar desde pasajes íntimos e introspectivos hasta clímax sonoros de gran volumen y dramatismo.


Las composiciones presentadas por Riveros destacaron por la calidad poética de sus letras, abordando reflexiones sobre la condición humana, la memoria personal y el entorno urbano. La solidez de su ensamble garantizó una ecualización pulida donde cada instrumento mantuvo claridad y espacio.


La presentación de Elsa Riveros aportó un matiz de profundidad, sensibilidad y maestría técnica a la jornada festivalera, demostrando el amplio espectro estilístico y la madurez interpretativa de las compositoras colombianas actuales.


Nawal


Por: Buque de Papel


Como un nombre fundamental en la historia del reggae, el dub y las fusiones sonoras en Colombia, Nawal hizo retumbar las frecuencias graves del Simón Bolívar. Con más de dos décadas de trayectoria en la escena nacional, la agrupación entregó un concierto de corte espiritual, profundo y rítmicamente envolvente.


El grupo repasó cortes esenciales de su catálogo discográfico, incluyendo canciones de su icónico álbum El fuego y la palabra (2002) junto a composiciones de sus trabajos posteriores. El uso de efectos de delay, reverberaciones e intensas líneas de bajo sumergió a la audiencia en una atmósfera mística propia del dub jamaiquino adaptado al contexto andino y caribeño.


El mensaje lírico de Nawal se centró en la preservación ambiental, el respeto a la tierra, la unidad comunitaria y la resistencia cultural. La banda logró construir un oasis de sonido envolvente que puso a cabecear a miles de espectadores al mismo compás.


La actuación de Nawal reafirmó el valor histórico de las agrupaciones pioneras del reggae en el país, demostrando que su sonido mantiene una factura impecable y una vigencia absoluta dentro de los grandes escenarios del continente.


Los Tetas


Por: Buque de Papel


El funk latinoamericano en su estado más puro y virtuoso aterrizó en Bogotá con la presentación de la reconocida agrupación chilena Los Tetas. El grupo desplegó sobre la tarima su contagiosa fórmula de ritmos bailables, combinando la fuerza del rock con el groove del funk, el soul y el hip-hop.


La alineación exhibió el nivel técnico que los catapultó a la fama continental desde la década de 1990. Con slaps de bajo vertiginosos, rasgueos rítmicos de guitarra de alta precisión y líricas urbanas llenas de métrica, la banda hizo bailar a la multitud de principio a fin.


Durante su tiempo en escena, repasaron piezas esenciales de su discografía, haciendo énfasis en las canciones de su aclamado álbum debut Mama funk (1995) y de su posterior trabajo La medicina (1998). La complicidad entre los músicos y la potencia de su sección rítmica transformaron la plaza en una gigantesca pista de baile.


El paso de Los Tetas por Rock al Parque constituyó una verdadera lección magistral de ritmo, virtuosismo e historia musical, ratificando su estatus como una de las agrupaciones esenciales e influencias indiscutibles para el sonido urbano del Cono Sur.


Wañuckta Tonic


Por: Buque de Papel


Este es un proyecto que destaca por su exploración arriesgada y mestiza entre el rock alternativo, la música electrónica y las sonoridades autóctonas e indígenas de la región. Su propuesta ofreció un espectáculo visual y sonoro cargado de identidad.


La banda integró en su instrumentación baterías y guitarras eléctricas junto a instrumentos de percusión tradicional y vientos folclóricos. Esta combinación dio lugar a pasajes de trance rítmico donde la potencia de la distorsión dialogó de manera natural con frecuencias y cantos de origen ancestral.


La puesta en escena combinó elementos teatrales con una energía festiva que contagió a los espectadores, invitando a una danza colectiva desprovista de etiquetas de género. La propuesta estética reafirmó el valor de la investigación sonora en la música independiente contemporánea.


Wañuckta Tonic dejó sobre el escenario una prueba irrefutable de que la experimentación con las raíces culturales y la vanguardia sonora son motores fundamentales para mantener vivo, diverso y en constante evolución el panorama del rock latinoamericano.