El aquelarre de la libertad absoluta

Más allá del folclor oscuro, la agupación femenina convierte el mito de la bruja en un manifiesto sónico de enmancipación Heavy Metal.

Por: Buque de Papel


Desde los orígenes de la tradición popular y la mitología, la figura de la bruja ha representado la disidencia: el sujeto perseguido, estigmatizado y marginado por negarse a encajar en los moldes rígidos de la norma social. 


Traer ese concepto ancestral al corazón del Heavy Metal contemporáneo va mucho más allá de un simple gusto por las historias de terror o la fascinación con las sombras. Ante la pregunta que hizo Buque de Papel en la rueda de prensa, Laura Guldemond dijo que para la banda Burning Witches, encarnar esta imagen en pleno siglo XXI se convierte en una postura vital, donde el fuego del mito ilumina la tarima para cuestionar los dogmas del presente y proclamar una independencia creativa sin concesiones. “Pura libertad, sí”, dijo.


En la jornada inaugural de Rock al Parque, la presencia de la agrupación suiza dejó claro que la figura de la bruja no funciona como una mera fijación con el folclor oscuro o la escenografía gótica. Se trata, en esencia, de una declaración estética radical sobre la libertad absoluta en la música. 


En un género históricamente dominado por dinámicas masculinas y convencionalismos técnicos, asumir la identidad de la bruja es reclamar el poder de la diferencia, transformando la persecución histórica en una fuerza arrolladora de distorsión, velocidad y potencia vocal.


El metal siempre ha sido el refugio de los marginados, y la mitología de la bruja sintetiza esa rebeldía intrínseca. Al invocar este símbolo, Burning Witches no busca refugiarse en el pasado ni apelar a la nostalgia del folclor fantasmagórico, sino refundar un espacio donde no existen barreras creativas ni mandatos externos. Cada riff afilado y cada agudo desgarrador actúan como un ritual de liberación, demostrando que la verdadera magia del género radica en la capacidad de romper cualquier atadura y adueñarse del propio destino sobre el escenario.


Al final, la propuesta de Burning Witches en el festival demuestra que el aquelarre moderno no necesita de pócimas ni hechizos, sino de amplificadores al límite y una convicción inquebrantable. Al conectar la iconografía de la persecución con la autonomía musical de hoy, la banda reafirma que la libertad no se pide ni se negocia: se toma por la fuerza del sonido, convirtiendo la disidencia en una auténtica celebración de poder y autenticidad en el Heavy Metal mundial.