Mantra subterráneo de los inconformes
No hay mejor definición para el Día 1 de Rock al Parque 30 años.
Por: Buque de Papel, Bogotá
Treinta años cumplidos de un festival que nació como trinchera y que muchas veces ha coqueteado con la vitrina oficial. Pero la verdadera sustancia del Parque Simón Bolívar, esa que resiste a los gabinetes de cultura y a los clichés corporativos, la ponen las bandas que entienden la música como un acto de supervivencia y agite político o estético. Esto es lo que se vivió en la primera jornada, y analizado sin filtros de agencia de prensa.
Hellbutcher, de Suecia
Cuando el culto clásico se resiste a morir, muta. Tras la tregua indefinida de los venerados Nifelheim, el viejo Hellbutcher decidió que el thrash de vieja escuela, el olor a gasolina y el black metal primigenio no podían quedarse guardados en los archivos. No vinieron a inventar el agua hirviendo, y esa es precisamente su mayor virtud: desprecian la modernidad sobreproducida. Es una descarga de velocidad analógica, cuero desvencijado y crudeza escandinava que le inyecta una dosis de peligro real a la jornada.
Son debutantes absolutos en el festival. Ningún antecedente en las tarimas bogotanas bajo este formato.
Between The Buried and Me, de Estados Unidos
Lejos de los moldes comerciales del metal moderno, este combo de Carolina del Norte lleva casi un cuarto de siglo rompiendo las reglas de la física sonora. Su inclusión en una tarima abierta exige paciencia y oído quirúrgico por parte de la audiencia: lo suyo es una amalgama donde conviven el death metal técnico, los pasajes de jazz oscuro, la psicodelia y la arquitectura progresiva. Es música hecha para músicos y para mentes inquietas que huyen de la estrofa-coro-estrofa tradicional.
Debutantes en la historia de Rock al Parque. Pisaron por primera vez este escenario al aire libre, desmarcándose de los circuitos cerrados de conciertos previos en el país.
Agua Bendita, de España
Desde La Trinitat, un barrio obrero de Barcelona, el sonido de Agua Bendita huele a asfalto, a pintadas en las paredes y a la autogestión de los noventa. En un momento donde el punk y el ska suelen diluirse en fórmulas festivas vacías, este proyecto mantiene intacta la aguja del descontento social y el discurso libertario. Su presencia es un recordatorio de que la música de la calle no necesita pulir sus esquinas para sacudir conciencias.
Debutantes en el festival. Primera vez que cruzaron el Atlántico para traer este repertorio combativo a la sabana bogotana.
Nadie, de Medellín
En el ecosistema del punk y el rock subterráneo colombiano, Nadie ocupa un lugar de rareza poética. Mientras otros eligen el grito vacortado y la consigna rápida, la banda antioqueña ha construido una identidad basada en la melancolía urbana, la poesía áspera y la crónica de una generación que creció en medio de la guerra de las comunas. No son una banda de estadio; son una cicatriz sonora que narra las miserias y grandezas de la provincia colombiana.
Veteranos de guerra en el festival. Sumaron su séptima (7.ª) participación histórica, siendo una de las pocas presencias que realmente conocen las entrañas y los cambios del Simón Bolívar a lo largo de los años.

Darkest Hour, de Estados Unidos
Nacidos en los sótanos y centros comunitarios de Washington D.C. a mediados de los 90, son los arquitectos reales de lo que la gran industria terminó bautizando descafeinadamente como "metalcore". Lejos de las modas plásticas de MTV, el sonido de Darkest Hour siempre ha estado anclado al rigor del hardcore político y a la escuela melódica de Gotemburgo. Es velocidad, técnica de guitarra implacable y un testimonio de resistencia autogestionada en el corazón del imperio.
Debutantes en la tarima del festival. A pesar de una dilatada discografía, fue su primera vez en este ritual bogotano.
Los Setas, de Pasto
Desde el sur profundo, donde la periferia nacional resiste al centralismo cultural, llegó este grito de garage-punk y crudeza independiente. Los Setas representan el pulso más fresco y visceral de lo que se gesta sin presupuesto, pero con urgencia creativa en las regiones de Colombia. Guitarras saturadas de baja fidelidad y actitud despreocupada frente a la academia musical.
Debutantes absolutos, representando las voces emergentes de provincia en esta edición aniversario.
