Rock al Parque: 30 años

El festival llega al tercer piso con bandas de peso que debutan en sus tarimas. Cartel, afiche y música.



Por: Buque de Papel


Cumplir 30 años y mantener una actividad cultural no es un regalo, sino mucho trabajo diario. Esta es la realidad de Rock al Parque que llega al tercer piso, trayendo bandas legendarias que nunca habían estado en el Parque Simón Bolívar, como Stratovarius, Ministry, Ratones Paranoicos, Rata Blanca y regresos esperados como los de Apocalyptica y Tokio Ska Paradise.


Y seguro que uno que otro extremista arrugará la cara cuando lea que referimos a esta banda japonesa que ya estuvo en Rock al Parque 2018, como los que en redes se repiten cada año cuando se anuncia el cartel: “que muy blandito”; “que faltan tales bandas”; “que tanta espera para 30 años y salen con esto tan chimbo”… En fin. En estos pagos hay para todos los gustos y cuando no se complace, se cae fácil en la maña colombiana, “criticar por criticar”; “malo si sí...malo si no…”.


Mencionamos a los Tokio, no solo porque son una bandota musical de ska con un show en vivo electrizante, sino porque preferimos seguir en la esencia de este festival: el eclecticismo, y la “convivencia”, entre géneros, subgéneros y gustos. El pesado, pues hará todo el pogo del mundo el sábado 10 de octubre con hardcore y metal; y el domingo 11 y lunes 12, será el espacio para el reggae, el ska, el pop, el heavy, el punk, y en este año para el rock en castellano, con Claudio Narea que sostiene a Los Prisioneros chilenos, ya sin el Capitán Futuro, Jorge González, ni Miguelito Tapia. ¡Y qué bacano que haya tantas bandas, de tantos géneros que hay que escuchar y conocer! Lejos los extremistas que ya tenemos bastantes para que se intente, otra vez, politizar al festival.


Un reconocimiento a todos quienes están detrás de la conformación de este festival, al que se intentó acabar (pregúntenle a Peñalosa) porque ya es un acto de ciudad, mi ciudad, la de mis padres y abuelos, la ciudad de todos, donde vienen de todos lados a vivir y a comer, y no les sirve y hablan mal, y la ensucian, y no la respetan y sí joden.


Así que, en vez de ser pésimos ciudadanos, apoyen actividades como Rock al Parque que es gratis, o también se les olvida ¿cuánto cuesta hoy un concierto en el humedal que destrozaron y volvieron tarima y le pusieron nombre de marca de celulares? 


PD. Aplauso para el afiche (si es que fue hecho con IA o no) Es el copetón de la ciudad. ¡Excelente! 


Apocalyptica


Hijos directos de las aulas exigentes de la Academia Sibelius en Helsinki, estos músicos tomaron la osada decisión de cambiar las guitarras eléctricas por cuatro violonchelos clásicos a principios de los noventa. Lo que comenzó como un divertimento acústico interpretando temas de Metallica se convirtió en la piedra angular del cello metal, un sonido denso, oscuro y riguroso que transformó los cánones del metal sinfónico al prescindir de las seis cuerdas tradicionales para apostar por el poder de los arcos y la madera.

Su paso por el Parque Simón Bolívar en 2005 quedó grabado a fuego en las crónicas de la ciudad al romper récords de asistencia en una jornada inaugural. Aquella tarde, mientras el cielo bogotano descargaba una tormenta implacable que amenazaba con vaciar el predio, los finlandeses se plantaron en el escenario y lograron un milagro sónico: miles de asistentes decidieron calarse hasta los huesos para corear los pesados bajos de las canciones de Metallica ejecutados con la solemnidad de instrumentos clásicos. Esa comunión bajo el agua selló un idilio que vuelve a cobrar vida en esta edición.



Este fue uno de los temas durante su presentación en el festival de 2005:


Stratovarius


Con Infinite Album recién publicado y en gira mundial, los fineses arriban por primera vez a Rock al Parque.


Fundada en Helsinki en 1984, Stratovarius es una de las instituciones indiscutibles del power metal melódico a nivel mundial y la banda pionera en consolidar el sonido clásico del metal escandinavo rápido, épico y cargado de arreglos neoclásicos. Aunque en sus inicios exploraban un hard rock más convencional, la llegada del guitarrista Timo Tolkki a finales de los ochenta y, posteriormente, la incorporación del vocalista finlandés Timo Kotipelto en 1994, terminaron por definir la identidad definitiva del grupo: una mezcla vertiginosa de doble bombo en la batería, riffs hiperveloces, melodías vocales altísimas y pasajes barrocos donde los teclados y las guitarras dialogan a toda velocidad.


Discos fundamentales de su discografía como Episode, Visions y Destiny marcaron la pauta dorada del género a finales de los noventa, convirtiendo a la banda en un fenómeno masivo no solo en Europa, sino con un impacto inmenso en Japón y América Latina.


A pesar de haber atravesado profundas crisis internas, salidas de miembros clave —como la partida de Tolkki— y disputas legales a lo largo de los años, el grupo supo reinventarse bajo el liderazgo de Kotipelto y el tecladista Jens Johansson, demostrando una resiliencia inquebrantable que los mantiene vigentes y editando álbumes de alta factura técnica dentro de la escena metalera internacional.


Burning Witches


Desde los estudios suizos, este proyecto femenino tomó por asalto el circuito del heavy metal tradicional con una propuesta que apela a la velocidad, las guitarras afiladas y una estética que evoca la vieja escuela de los ochenta. Lejos de ser un ejercicio nostálgico, la banda ha construido una reputación basada en la precisión técnica de sus ejecuciones y una pegada rítmica implacable que defiende a capa y espada el sonido clásico europeo frente a las corrientes más modernas.


La llegada de las suizas al festival responde a uno de los reclamos más constantes de los seguidores locales del metal tradicional, quienes llevaban temporadas enteras esperando una dosis de riffs acelerados y actitud aguerrida en vivo. Su debut en esta edición se perfila como un ejercicio de tracción pura, donde la velocidad de la batería y la potencia vocal buscan sacudir desde temprano las primeras vallas del escenario principal con una energía frontal y sin concesiones.


Cuando Laura Guldemond se unió a Burning Witches en 2019, una de las anécdotas más curiosas que ella misma ha compartido entre risas sobre sus inicios con el grupo fue que, al principio, se sentía literalmente "como una turista en Suiza". Al tener que integrarse de golpe a una banda ya consolidada con una dinámica muy propia, admitió que los primeros meses consistieron tanto en adaptarse a la exigencia de las guitarras afiladas y el heavy metal tradicional como en aprender a encajar culturalmente con el resto de las integrantes en los ensayos y estudios de grabación suizos, un proceso de adaptación exprés que superó con creces hasta volverse la indiscutible frontwoman del proyecto.


Ministry


Concebido originalmente como un experimento de sintetizadores en la Chicago de principios de los ochenta, el proyecto liderado por Al Jourgensen mutó rápidamente hacia una de las máquinas de ruido más violentas de la música moderna. Al fusionar la eletrónica de los clubes oscuros con la furia del metal y una lírica cargada de cinismo político, la banda estableció los cimientos estéticos e ideológicos de lo que hoy conocemos como industrial metal, inspirando a generaciones enteras de músicos atraídos por el caos controlado.


La inclusión de esta maquinaria sónica en el cartel representa la materialización de una de las deudas pendientes más grandes que el festival tenía con los seguidores de los sonidos extremos e industriales en el país. Ver en directo a la mente creativa de este proyecto significa atestiguar un ritual de guitarras saturadas, bases electrónicas machaconas y una descarga visceral diseñada para sacudir los cimientos del parque con una propuesta que rehúye de cualquier complacencia comercial.



Tokio Ska Paradise


Esta gigantesca big band japonesa logró lo que pocos: tomar la herencia rítmica del ska jamaiquino de los sesenta y cruzarla con el jazz de vanguardia y la grandilocuencia de las bandas sonoras cinematográficas. Ataviados con impecables trajes oscuros y una disciplina escénica formidable, el colectivo nipón convirtió el baile desenfrenado en una declaración de principios culturales, demostrando que la música instrumental y los arreglos de metales pueden derribar cualquier barrera idiomática.


Su anterior visita a Rock al Parque en 2018 dejó una huella imborrable marcada por el vértigo, la sincronía perfecta de sus trompetas y la capacidad de poner a saltar a un mar de personas sin importar las condiciones climáticas. El retorno de la orquesta japonesa a los escenarios bogotanos promete replicar esa fiesta colectiva donde la elegancia visual choca de frente con la euforia desatada del público local.


Aquí su disco Te quiero con bugalú, con la puertorriqueña iLe.

Rata Blanca


Liderados por el virtuosismo inconfundible de Walter Giardino en las seis cuerdas, los argentinos tomaron las estructuras de la música culta europea —especialmente el barroco de Vivaldi— para inyectarlas dentro de la estructura clásica del hard rock y el heavy metal en castellano. Con melodías ampulosas, teclados operísticos y la voz aguda de Adrián Barilari, el grupo se convirtió en el faro indiscutible del metal neoclásico en América Latina durante los noventa. Hoy solo siguen Giardino y Barilari porque echaron a todos y el negro Guillermo Sánchez, quien falleció en mayo de 2017.



La relación de la agrupación con el público capitalino se ha consolidado a lo largo de décadas mediante presentaciones masivas donde el público corea tanto los coros operísticos como los extensos pasajes instrumentales de guitarra. Su presencia en esta edición reafirma el peso histórico del metal clásico sudamericano dentro de la curaduría del festival, funcionando como un punto de encuentro intergeneracional para los fanáticos del género.


Ratones Paranoicos


Abanderados absolutos del sonido canallesco y barrial, este grupo liderado por Juanse tradujo la crudeza rítmica y la actitud desprolija de los Rolling Stones a la jerga y la bohemia bonaerense. Su propuesta musical huye de la sobreproducción para centrarse en el poder de los riffs básicos, el pulso constante del bajo y una interpretación vocal que destila la urgencia del rock de garaje hecho en el cono sur.


La presencia de los argentinos en el festival evoca la estirpe más callejera y fiestera del rock sudamericano, conectando directamente con quienes entienden el género como un ejercicio de electricidad cruda y desparpajo. Su repertorio funciona como un recordatorio de que las fórmulas más sencillas, ejecutadas con la suficiente convicción, siguen siendo infalibles para agitar a las multitudes.

Son un pedazo de banda. Aquí con El Rock del Pedazo.


Serú Girán (Aznar y Lebón)


Surgido a finales de los setenta, el proyecto original de Serú Girán combinó la sofisticación armónica del jazz rock con la sensibilidad de la canción popular argentina, creando obras maestras que elevaron el nivel técnico y poético de la música del continente. La interacción entre las guitarras sutiles y el virtuosismo en el bajo y los teclados definió un estándar de calidad artística que pocos han logrado igualar en la región.


Aunque la alineación histórica se encuentra incompleta, porque faltan Charly García, que ya no puede ni moverse, y el fallecido baterista Oscar Moro, la reunión en directo de David Lebón y Pedro Aznar sobre el escenario del festival funciona como un rescate patrimonial de altísimo vuelo emotivo. Interpretar en vivo piezas fundamentales del cancionero latinoamericano ofrece un espacio de escucha atenta y comunión íntima, donde la memoria del rock del cono sur se subvierte en presente gracias a la vigencia interpretativa de dos de sus artífices originales.


Perpetual Warfare


Invitada como banda de larga trayectoria, Perpetual Warfare, representa al metal colombiano en Rock al Parque 30 años.


La banda llega a esta celebración con una nueva etapa musical y el lanzamiento de “Nihil Sumus”, primer sencillo de su próximo álbum, que será publicado junto a M-Theory Audio, sello internacional especializado en metal.

Con “Nihil Sumus”, Perpetual Warfare presenta una nueva muestra de su evolución sonora, manteniendo la contundencia y esencia que han caracterizado su trayectoria, pero explorando una propuesta renovada que marca el camino hacia su próximo trabajo discográfico.


Este lanzamiento y su presentación en Rock al Parque 30 años representan un momento especial para la banda y para sus seguidores, consolidando el crecimiento de Perpetual Warfare y su proyección dentro de la escena internacional del metal.


Bandalos Chinos


Sin tilde y con be y no uve, esta banda de la provincia de Buenos Aires, de Beccar, es uno de los referentes recientes del rock nacional argentino.


“Olvidamos absolutamente todas nuestras fórmulas, nos desafiamos”, asegura en una entrevista con Página 12, Goyo Degano, justo antes del show con el que Bandalos Chinos concretó su regreso a Buenos Aires después de una intensa gira norteamericana y europea de presentación de Vándalos. “Para este disco fue como: ‘Bueno, rompamos todo eso aprendido y empecemos de vuelta, a ver qué pasa’. Creo que por eso lo sentimos como un disco bisagra, como empezar una nueva etapa”, completaba el cantante. Y algo de eso se empezó a notar en C Art Media, con una puesta limpia y todo el peso volcado en la música y la gracia del sexteto bonaerense.


El del conjunto de Beccar es un camino ascendente y expansivo que arranca con su formación en 2009, toma escala realmente considerable a partir de BACH (su disco de 2018) y que ya post pandemia alcanzó otro estadio de profesionalismo con Paranoia Pop y especialmente El Big Blue –homenajeado acaso en el tono azulado que tiñó la primera parte del show–. Bandalos Chinos es uno de los grupos independientes más grandes del circuito pop argentino, con presencia en los festivales más importantes de Argentina y la región, con giras internacionales constantes y con producciones musicales de altísimo nivel.