El libro de los días

Es una cartografía del duelo y nacimiento del deseo. Presente en FILBo 2026.

Por: Juan Carlos Rojas Fernández, psiquiatra y pensador


«En casa tengo una hermana; afuera tengo otra. Solo una existe, pero ambas están conmigo. Una de ellas recorrió mi camino y se puso mi traje del año pasado; la otra, como pájaro a su nido se instaló entre nuestros espíritus. Y no cantó como solíamos hacerlo nosotras, su melodía se tornó diferente; ella misma se volvió su música como zumbante abeja de junio. Hoy estamos lejos de la infancia, pero sigue correteando por las colinas, y con su mano bien apretada a la mía acortamos todas las lejanías». — Emily Dickinson


El libro de los días, de Martha Alzate (Ediciones El Silencio, 2025) transita desde los registros externos de la vida —recuerdos, afectos, escenas— hacia un territorio más íntimo: el refugio de la subjetividad.


La escritura deja de ser testimonio para convertirse en herramienta de observación del diálogo interno, en un ejercicio de introspección que exige valentía y una búsqueda radical de la propia verdad. En esa tradición, la novela se inscribe en una genealogía antigua: la del diario como espacio sagrado del “yo”, desde Las confesiones de San Agustín hasta los textos de Sei Shōnagon. Como en esos antecedentes, aquí la escritura es a la vez testimonio y refugio: un lugar donde procesar el trauma, ordenar el sufrimiento y explorar el inconsciente.


A través de su alter ego, Ana Paloma Márquez, la autora construye una trama que entrelaza recuerdos traumáticos, vínculos familiares —padre, madre, hermano—, idealizaciones afectivas y una sensibilidad atravesada por la melancolía. La novela parece susurrar que no se escribe para ser leído, sino para descubrirse, y en ese gesto se configura como una arquitectura de la memoria y del duelo, particularmente fértil para una lectura desde el psicoanálisis.


El título sugiere una progresión lineal, pero lo que emerge es una temporalidad fragmentada y circular, más cercana a la lógica del inconsciente que al tiempo cronológico: hay días que pesan años y recuerdos que irrumpen con la fuerza de lo actual. La repetición de ciertas escenas y afectos revela un sujeto atrapado en lo no simbolizado, insistiendo hasta encontrar una forma de elaboración. Escribir el día a día, entonces, no es un gesto menor, sino un intento de devolverle estructura a un mundo que por momentos ha perdido sentido.


Uno de los núcleos más potentes de la novela es la inscripción del trauma en el cuerpo. El síntoma —esas piernas que no pueden abrirse— aparece como una defensa frente a lo no simbolizable del abuso: el cuerpo dice “no” allí donde el lenguaje falló. Se cierra para proteger un resto de integridad ante la irrupción violenta de lo real. En contraste, la mirada se convierte en un territorio desplazado: los ojos, intensamente descritos, permiten ser vista sin ser tocada; allí donde el cuerpo se repliega, la mirada seduce. Es una forma de existencia a salvo del contacto.


La figura materna, lejos de ofrecer amparo, introduce una herida decisiva. No se trata de una ausencia, sino de una presencia que no reconoce: una madre que ve pero no mira, que no devuelve al sujeto una imagen en la que pueda afirmarse. Más aún, al transmitir rechazo hacia lo femenino —el asco por la menstruación— instala una fractura en la identidad. Lo femenino aparece entonces como vergüenza, como algo que debe ser corregido o reprimido. Sin ese espejo simbólico, la protagonista queda en una soledad radical y busca refugio en la idealización del padre, figura que promete orden, ley y sentido.


Frente a una feminidad asociada al peligro o al rechazo, la protagonista adopta una salida defensiva: la identificación con el orden racional. El saber, la lógica, el control se convierten en armadura. No se trata únicamente de pensar, sino de protegerse: ser reconocida en el mundo patriarcal implica borrar las marcas del propio deseo. Pero esta estrategia tiene un costo alto: la represión del erotismo. Para sobrevivir, el sujeto sacrifica una parte de sí. El asesinato del hermano introduce una fractura adicional, pues revela la fragilidad de la ley y la imposibilidad de toda garantía: el mundo se muestra como un lugar donde la violencia puede irrumpir sin mediación, lo que refuerza la necesidad de aferrarse a la racionalidad como única defensa posible.


En este contexto, la figura de Ana Paloma Márquez encarna una escisión decisiva. Ana es la estructura, el deber ser, la racionalidad que organiza y contiene; Paloma, en cambio, es la pulsión de vida, el deseo, la sensualidad que insiste en abrirse paso. Esta división no es arbitraria, sino el resultado de una cultura que no admite una mujer integrada. Ante la imposibilidad de ser simultáneamente racional y deseante, el sujeto se fractura. La resonancia del poema de Emily Dickinson que antecede estas páginas ilumina esta condición: dos presencias que no se anulan, sino que se acompañan en su diferencia.


El recorrido de la protagonista es, finalmente, un proceso de desprendimiento: desidealizar al padre, dejar de mirarse a través de los ojos de una madre censora y hacer algo con la marca del abuso. La feminidad no aparece aquí como una esencia natural, sino como una construcción ardua, atravesada por el trauma, el lenguaje y el deseo. El paso decisivo consiste en transformar el síntoma en posibilidad: pasar del cuerpo cerrado a la apertura de un encuentro elegido, del ser objeto del deseo del otro a devenir sujeto del propio deseo.


El libro de los días es, en última instancia, la radiografía de una fractura psíquica, pero también la insinuación de su posible recomposición. Su fuerza radica en no resolver del todo la tensión: Ana y Paloma no se cancelan, se sostienen mutuamente. La unidad no consiste en eliminar el conflicto, sino en habitarlo de otro modo. Quizá por eso el viaje final no es solo geográfico, sino profundamente subjetivo: la posibilidad de que aquello que antes era defensa —esa vibración contenida— se convierta en una música propia.


El libro de los días

 

Autora: Martha Alzate

 

Editorial: Ediciones El Silencio

 

Género: Novela íntima / Narrativa contemporánea

 

Idioma: Español

 

Extensión: 258 páginas

 

ISBN: 978-628-97238-2-3