Plegaria entre luces y sombras de la memoria

Plegaria entre las luces y las sombras de la memoria

Los encargos de la memoria son un oficio. Las huellas que nos deja una historia de múltiples violencias, nos hacen valorar, entre la incertidumbre, los actos que la pueden contener. ¿Qué puede contener ahora una violencia dispersa sin organizaciones que la administran? 

Por: Leonardo Alba Mejía, Especial para Buque de Papel


El microtráfico, las bandas emergentes, la nueva prosperidad del narcotráfico. Entre ese caos transita en silencio la constancia de quienes intentamos inventarnos otros referentes que no tienen el despliegue de los grandes medios de comunicación y la publicidad. Y al parecer estos no tienen el poder que tienen las narrativas de la violencia. 


Los profesionales de la creatividad también viven embelesados con ella. Están inmersos entre tetas y paraísos, narconovelas y libros de periodismo que solo ven héroes en los guerreros uniformados. Crear otros referentes exige escuchar a quienes exploran esa opción y las historias de vida de educadores que van más allá de la tendencia homogeneizadora de las instituciones educativas. Y, sin embargo, esto no es suficiente.


¿Qué hacer con lo recorrido y aprendido? romper todas las reglas y unirse a la guerra es un código compartido. Si se va a las responsabilidades individuales en silencio también sentimos esa guerra. La tarea debería ser otra. Al modo ancestral es necesario: “tejer buen pensamiento y propiciar el entendimiento”. Lo otro nos acordona todos los días. Resistir a ese modelo mental compartido, requiere de las narrativas de la memoria, y el establecimiento de la paz para poder aprender de lo sucedido. Pero esto parece que también se ha embolatado en la desidia estatal y la indolencia social. 


Los gestores locales de la memoria, la verdad y el derecho a la tierra construyen la actual epopeya. Muchos episodios quedaran en manos de esa otra música que es el rumor. Vale la pena contar algo con dedicación…


Hombres y mujeres atemorizados salen a contar su verdad. La mejor de las alianzas para resistir ha sido el amor porque obliga a la continua reinvención. Todo se juega en ese vértigo que pide, cuando es sabio el arte de contar lo vivido. Esa alquimia merece que todo se juegue en ese vértigo porque devela nuestras luces y sombras. Recorrido el laberinto del amor y la violencia, de esas dos fuerzas, quedan algunas certezas. 


La tierra nos entrega los dones del silencio y allí se esconden otras verdades. Y ahora esa madre tierra está siendo vulnerable por los mercenarios de las economías extractivistas. Lo sutil no logra el espectáculo y entonces es indiferente a las masas. La verdad de la guerra necesita de unos profesionales y esa guerra parece colada en nuestra vida íntima. 


Allí también se instaló un modelo mental en el que no se tiene la audacia de confiar en el otro y entregarle a una nueva generación su deseo de cambio. Seguimos en casa y en el trabajo en manos del temor. Los afectos suavizan el paso por la vida. Cuál es el fondo de este recorrido sinuoso y con un tono de fondo de dulce melancolía: la esperanza que en cada ser humano adquiere una forma distinta. Nos atraviesan una hilera de imágenes que reclaman una traducción simbólica como la que logran los artistas. 


“Aiutare il mondo con la schiacciante verità, liberarlo con le parole”. Ayudar al mundo con la rotunda verdad, liberarlo con las palabras es el coraje que necesitamos ahora. Lo que dicen los periódicos parece a veces parte del augurio colectivo. Se sabe más o menos hacia dónde va todo. En medio de esa homogeneidad algunas cosas inéditas se buscan expresar con otros lenguajes que están en nuestra información ancestral, en ritos, en lo que emerge con nuestra capacidad creadora. 


Es importante diseñar con la imaginación planes hacia el futuro. Se podría irrumpir con algo que interrogue todo lo que nuestra inteligencia controla. Más allá de la razón, entre lo sutil, la hierba, la tierra, la luna algo se mueve silencioso y escapa a nuestro control. 


Todo ello se disuelve en el lienzo diario del cielo, el mar, los valles y las montañas. Son solo sombras y fantasmas. La naturaleza es cada vez más protagónica y la humanidad que logra cuidar de ella. Lo que la memoria aporta se puede sintetizar en una imagen o en un ritual cotidiano. 


Construir esos relatos de la paz, con la misma dedicación que han pedido los de la guerra, es en lo que estamos. Violencia diaria y calidez del lenguaje inaugura un mundo indescifrable para quienes llegan de afuera. Sobre esa tragedia se necesita de mucha entereza para inaugurar un nuevo capítulo. 


¡Qué amables que son las palabras en su disponibilidad!


Desenredar un hilo que nos lleva a la raíz de los temas que han fatigado nuestro pensamiento y memoria para liberarlo al vacío también es necesario para recomenzar con una nueva fuerza. Algo nos sueña y nos ata. Tierra y cielo en tensión. Y en el medio ¡nosotros!


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