Los viejitos como nuevos

Los viejitos como nuevos

Viejitos repotenciados, mejorados, arreglados. Son los clásicos de siempre, los de las películas de mafiosos de Chicago y prohibición del whisky. Son el juguete en grande de argentinos que decidieron invertir plata y años de trabajo manual, o artesanal, para recuperar a esos coches que hicieron la historia de este país en las décadas del 20 y del 30. 

Por: Carlos Fernando Álvarez Camaro, Buenos Aires


Son personas que crecieron con el autito de casa, que jugaron a manejar y recorrer miles de kilómetros con sus amiguitos de infancia, y que luego “creciditos”, retomaron para sacar del olvido, del polvo y del arrume. 


Vamos a recorrer gráficamente y a presentar los testimonios de esos fanáticos por sus coches y los que los arreglan y venden en 15 mil dólares, como mínimo, que se reúnen en clubes del Ford A y Ford T, y que asistieron a la Feria del Auto Clásico, llevada a cabo en el popular barrio de San Telmo, de la capital argentina.


Es domingo y la segunda ola polar azota a Buenos Aires y a Argentina (en 2007). No obstante, los dueños de los coches clásicos y los aficionados llegamos a medio día a la Plaza Dorrego, de San Telmo, para una fiesta particular que congregó a grandes y a chicos. 


Estacionados en hileras sencillas allí estaban: los Ford, Chevrolet, Volkswagen, otros más curiosos, como los Autounión, producción de Perón en la Argentina del 50 y 60, con tecnología alemana Audi, y que no necesitaban aceite para funcionar. La política los acabó, sobre todo para favorecer a la italiana Fiat. 


Colectivos clásicos y sacados del olvido, como el de la ruta 45, hoy vigente, que fue la estrella de la muestra, refaccionado y restaurado, con la cara de Gardel y producción de los tiquetes clásicos para los pasajeros. 


No faltaron el carro lechero en madera, la enorme “lancha comegasolina” del Carabela, y los de siempre, como la camioneta Volkswagen de la serie televisiva gringa “Ocho son suficiente”, y que se volvió el ícono hippie.


Y los futuristas, y hasta raros, como un prototipo de tres ruedas de BMW, que parece un autito de juguete. Y lo es, porque es eléctrico. Poco práctico. El enchufe es enorme y cuándo se le acabe la batería en plena pampa ¿qué hacer?


Autos para todos los gustos, joyas familiares y “niños consentidos” de parejas jóvenes y sin hijos. Todos asistieron a San Telmo, en un domingo raro, donde anécdotas y múltiples historias se iban contando entre todos los asistentes, como la del primer coche en Argentina, un carro de Bomberos con ruedas de madera que aún sirve, y que trabajó en la provincia de Entre Ríos, al norte del país. “Funciona con nafta”, cuenta enérgico el bombero, un señor mayor, no tanto como el auto, ante la incredulidad de cómo se mueve esa reliquia. 


Y la muestra sigue


Los niños se suben a los coches y les preguntan a sus papás que por qué no dan una vuelta. Los mayores, con respeto afirman que hay que cuidar a los autos, que son como los abuelitos.


Los integrantes de los clubes, como los de Ford A, se reúnen además, un domingo al mes, para charlar, intercambiar piezas y anécdotas a la hora de la restauración. Y una vez al año, como en el partido de Vicente López, a las afueras de la ciudad, se reúnen en desfile y concursos de maniobras y de manchas de aceite, sí, el que haga más figuras a punta de aceite quemado, arrojado por su flamante Ford, es el ganador.


Así lo indica Cristian Eduardo Monroy, propietario de un Ford A año 31, y que todavía restaura, desde hace cinco años. 


Para Cristian, un vehículo moderno tiene serios problemas si arroja aceite, pero no para un viejo Ford A.


El suyo lo compró totalmente desarmado, en mil pesos argentinos (600 mil pesos colombianos en 2007) y durante esos años le dedicó, junto a su esposa, las noches a la restauración, desde el motor, el tapizado y la pintura.


Recuerda que ya había restaurado un auto antes, un Fiat 54, que lo cambió por el Ford.


- ¿Es muy costoso este hobby?


No tanto por el dinero, que de todos fueron 15 mil pesos, si no por el tiempo invertido. Hay que hacer piezas de nuevo, como bujes que ya no se consiguen, y hay que recorrer la ciudad buscando otras. Pero es una afición, una pasión.


- ¿Y si no se consiguen?


Pues hay que hacerlas de nuevo. Soy tornero y eso favorece la tarea. 


- Su Ford tiene el timón a la derecha, al estilo inglés. ¿Complicado manejar de esa forma?


Sí, en especial por los pedales, porque tenés el acelerador en el medio y no a la derecha como en los normales. Luego el freno y el embrague. Además los cambios son al revés. Pero es cuestión de acostumbrarse.


- ¿Le tiene algún nombre al auto?


 Sí, lo llamamos “el bebé” (señala los zapatitos de su hija Belén, de dos años de edad, colgados del espejo).


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