Corea es el Macondo de Asia

Corea es el Macondo de Asia

“Los coreanos somos los caribeños de Asia, por la pasión”, explicó en perfecto español Yang Samil, durante el conversatorio del 40 Aniversario del Premio Nobel para Gabriel García Márquez, y que se llevó a cabo adentro de stand de Corea, el país invitado a la FILBo 2022.

Por: Buque de Papel, Bogotá


El Presidente de la Fundación Asia-América también fue el encargado de presentar a su compatriota, Cho Guho, el traductor de la obra de Gabo al coreano y quien también vivió y estudio en Colombia durante años, en donde perfeccionó su conocimiento del país y del escritor de Aracataca.


“Vivir el campo, recorrerlo y tener algo con una muchacha colombiana…”, dijo Guho con una sonrisa y al mejor estilo del ‘mamagallismo’ Caribe, que tanto defendió y promovió el Nobel. O cuando quiso comparar su nombre escrito sobre la pantalla digital del conversatorio y dijo “que, si se cierra la hache, como una be, y se empieza a redondear la u, el nombre serán el mismo: Gabo”.


Guho estudió en el Instituto Caro y Cuervo y en la Universidad Javeriana, donde ahondó en la colombianidad y en las letras garciamarquianas y en donde recuerda que no pasó de la primera página de Cien Años de Soledad, al momento de meterle el diente a la primera traducción. Hoy por hoy, y en dos tomos, la obra de Guho es la más completa y mejor traducida al coreano del libro de marras.


“Debo decir que leí su trabajo buscando errores y no encontré alguno”, afirmó Samil.


A su turno, Jaime Abello Banfi, el director de la Fundación Gabo, que preserva el legado periodístico del Nobel, manifestó que lo hecho por Guho es lo mismo que Gabo le expresó a Gregory Rabassa, el traductor de su obra al inglés, al destacar que hubo apartes mejores que los escritos en español. Por eso en su trabajo y con su obra, “la fidelidad supera a la literalidad”.


La charla, cuyo guion se quedó dentro de las tazas de café que los tres se tomaron antes del evento, debido al manejo sin cortapisas de la discusión, no podía terminar sin la historia que Banfi trajo al encuentro, y fue la que García Márquez publicó en 1951 en su columna del diario El Heraldo de Barraquilla, llamada Jirafa; esta vez sobre las cosas extraordinarias y una a la que refirió como ‘antropofagia política’. Allí el Nobel relata la pelea que tuvieron dos congresistas coreanos en ese año, en el 51.


Uno de los asambleístas terminó metiéndole un mordisco furibundo en la mejilla a su contrincante político, quien no reaccionó ni hizo nada. Y cuando un periodista le preguntó en el hospital por qué de su actitud, se limitó a contestar “que no sabía si su rival lo quería morder o besar”.


Ante la pregunta de por qué se ve hasta en la televisión las peleas a puño limpio en el congreso de Corea del Sur, Samil lo dijo sin pensarlo mucho: “desde el mundial de fútbol de 2002 a los coreanos nos llaman los caribeños de Asia, debido a la pasión; peleamos, mordemos, besamos” (risas del público).


Ni hablar de que es el Macondo asiático, porque lo que se cree inverosímil ha sido real a lo largo de su milenaria historia; y esta es la condición central del denominado ‘Realismo Mágico’ como género literario; que la realidad supere a la ficción.


Por ejemplo, narraron cómo hay un duende que se roba a las muchachas y muchachos que se van de parranda el fin de semana, arman líos y llegan tardísimo a casa. Resulta que ambos, Guho y Samil, quedaron como si hubiesen visto al duende, cuando escucharon por primera vez la historia del ‘Hombre Caimán’, que, a miles de kilómetros de distancia, también raptaba muchachas que no hacían mucho caso y preferían la noche y la fiesta.


Ni qué decir del tributo que Corea debía entregar cada año a China y durante más de 200 años: ¡3 mil mujeres vírgenes! Algo que parecía traído de los cabellos, pero que fue una realidad histórica. Como en el Macondo de Gabo.

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