"Escribimos una pequeña pero valiosa historia para Atlas": Néstor Retamar

“Escribimos una pequeña pero valiosa historia para Atlas”: Néstor Retamar

La búsqueda comenzó un martes muy temprano a las afueras de la ciudad, en lo que llaman el Gran Buenos Aires, o su área metropolitana. El clima cambió de nuevo, y esta vez la humedad y el calor insoportable del final de un otoño particular le dieron paso a un frío intenso, de ese que se mete entre los huesos y no hay café, ni mate, que ayuden a superarlo, salvo caminar, y aquí las distancias son enormes. 

Por: Carlos Fernando Álvarez, Buque de Papel, Buenos Aires


La búsqueda comenzó un martes muy temprano a las afueras de la ciudad, en lo que llaman el Gran Buenos Aires, o su área metropolitana. El clima cambió de nuevo, y esta vez la humedad y el calor insoportable del final de un otoño particular le dieron paso a un frío intenso, de ese que se mete entre los huesos y no hay café, ni mate, que ayuden a superarlo, salvo caminar, y aquí las distancias son enormes. 


Cuando llegué al terminal de transporte ubicado a las afueras del predio de La Rural, el Corferias bonaerense, tomé el colectivo número 57, “diferencial”, que me llevó al oeste, a Pilar, población adyacente a la Capital Federal. 


El tiempo de viaje fue de una hora larga. Una vez en Pilar tenía que tomar otro colectivo para llegar a General Rodríguez, la población que sigue a Pilar, distante a unos 30 kilómetros y preguntar dónde quedaba el estadio Ricardo Puga, el escenario del Club Atlético Atlas, el equipo de la primera D del fútbol argentino y que (tuvo) un reallity por el canal televisivo Fox Sports, llamado “Atlas, La Otra Pasión”. 


Después de dos horas de viaje me bajé en la calle principal de General Rodríguez, una localidad que se debate entre lo residencial y lo industrial, y ya perdido, pregunté dónde podía tomar un “remis”, que es lo mismo que un taxi expreso. Cuando dije que iba para el Ricardo Puga me miraron con cara de “qué hablará este extranjero”, pero cuando dije que ese es el nombre del estadio donde juega Atlas, exclamaron que “ah, ahora sí nos entendemos”. El chofer me cobró siete pesos argentinos por llevarme unas 15 cuadras de distancia. 


Por la ruta principal de acceso al pueblo, por donde ya habíamos pasado en el colectivo, queda una calle adyacente, que en esa etapa final de otoño y principios de invierno era una verdadera trocha destapada y llena de fango. Más de un vehículo pequeño, como el Renault 12 en el que iba, tenía que hacer peripecias para poder pasar, y me acordé de las rutas de nuestros departamentos colombianos de Caquetá, Cauca o Nariño, cuando arrecian las lluvias.


Una vez pasé la puerta de hierro el ambiente fue distinto. Todo estaba en silencio, y me dije si para colmo no habría entreno ese día. Era martes y acababa de llover; por supuesto, la cancha tenía unos pedazos anegados y ni rastro de los jugadores o del flamante técnico Néstor Retamar, aquel que convirtió la arenga deportiva en algo con sentido para un jugador del balompié, en una tierra donde el fútbol es tanto o más importante para la gente que la política. Alguno dirá que esa arenga del grito, de ¡vamos a ganar!, ¡los vamos a moler!, se ve en las películas gringas de fútbol estadounidense o que muchos técnicos la utilizan. Sí, pero la diferencia que marca Retamar es que la hace desde el fondo del corazón, no es falsa y sobre todo es respetuosa. El insulto sí que es frecuente en el fútbol y más en el aficionado. Cuando jugué fútbol en serio también me gané más de un madrazo. 


Mientras veía a alguien conocido me dediqué a tomar fotografías con la camarita digital que me prestaron y de repente veo a uno de los muchachos que participa en el reallity, Santiago Davio, delantero de un metro con 85 centímetros y unos 85 kilos de masa muscular. Ya ha hecho varios goles con el equipo y me acordé de cómo corría para disputar una pelota con un defensor de Liniers, días antes, cuando empataron uno a uno en la cancha de Fénix, en Pilar.


Nos saludamos amablemente. Es un muchacho oriundo de Capilla del Señor, el primer pueblo histórico argentino, de amplia sonrisa, y sin problemas contestó las preguntas de rigor, en especial la que iba a buscar: quería saber qué significado tiene Atlas para ellos, jugadores que perfectamente podrían militar en un club de primera división de cualquiera de nuestros países, o en Argentina, donde algunos ya tuvieron su oportunidad; pero la verdad, es muy difícil acceder, debido a la cantidad de chicos con buen nivel dedicados a este deporte, pero sobre todo porque es muy difícil entrar en “la rosca”. 


Buque de Papel: Santiago, ¿qué es Atlas, que significa para usted?


Santiago Davio: ¿Qué es Atlas para mí?, como dice el programa, es una pasión, donde todos queremos el mismo objetivo, que es ascender; donde todos le estamos poniendo muchísimas ganas, mucho entusiasmo. A veces las cosas no se nos dan, como en este año que tampoco lo logramos, pero hay que seguir para adelante, sin desfallecer. 


B.P.: a lo largo del programa con lo declarado por el sicólogo del equipo, Bernardo Stamateas y por ustedes mismos, la irregularidad no dejó demostrar todo el potencial del grupo ¿la ansiedad fue la causa?


S.D.: sí, puede ser. El campeonato es muy irregular, donde todos los equipos fueron muy irregulares, donde se le gana al primero y perdés con el último, o viceversa. Los partidos son totalmente diferentes y no hay medidas y es lo que nos hace confundir mucho, la ansiedad de salir a ganar pensando en el partido que viene, sin pensar en el que se está jugando; actúa muy en contra de los objetivos.


Santiago me invitó a pasar al camerino donde estaban los demás. Allí estaban todos, el mismo Retamar; Fernando Camarano, asistente de Campo; Daniel “Coqui”, el preparador físico; Maxi Randazo y Esteban Preysz, los otros asistentes; y los jugadores, como Carlos Bello, el arquero; y el goleador Wilson Severino. Bueno, verlos en carne y hueso fue toda una sorpresa, porque a pesar de la pantalla, mantienen la misma humildad, ganas de trabajo y superación que el reality muestra, y muchas veces sabemos que la TV maquilla las cosas. 


Saludos para todos, presentaciones formales y “buena onda” en el recibimiento. Todo estaba saliendo a pedir de boca y, además, no había empacado el maletín con los botines, canilleras, camiseta, pantaloneta, medias, toalla, desodorante, muda de calzoncillos y jabón, para llevarlos a pasear. Después de la entrevista quería pedirle al profe permiso para entrenar ese día, con ellos, con los aguerridos de la Primera D del fútbol argentino, que, a pesar de ser vista como una categoría menor, se maneja con mucho espíritu y la seriedad del profesionalismo. 


Retamar en palabras


Una vez adentro de la cancha Retamar me invitó a seguirlo hacia el centro del campo, donde estaba menos anegado y donde no había tanto mosquito. Dicen por aquí que son un tipo de zancudos más resistentes, porque a pesar del frío y de las bajas temperaturas, había toda una nube de ellos picando de lo lindo.


B.P.: profesor Néstor Retamar, director técnico de Atlas, ¿qué significa esta institución, este grupo de jugadores para usted? 


N.R.: mire, Atlas es un equipo más de la D del fútbol argentino y que tiene en este momento el privilegio de tener un programa de televisión. El equipo es todo lo que se ve en la TV, un grupo muy unido, muy humilde, en el cual nosotros, gracias a Dios, y con la gran voluntad, energía, coraje, y orden que mantienen mis jugadores estamos peleando los primeros lugares, luego de años de ocupar las últimas plazas y soportar desafiliaciones. Estamos peleando con presupuestos muy bajos, con respecto a otros equipos poderosos de la categoría y que tienen recursos. Estoy muy agradecido con mis jugadores porque estamos peleando de igual a igual, contra equipos que además de recursos tienen historia. Atlas no tiene historia, nosotros estamos escribiendo una pequeña historia para el club. 


B.P.: usted se hizo deportivamente en el equipo Alem, que salió campeón de este último torneo, y que es el equipo reconocido de General Rodríguez, e incluso es el rival de Atlas ¿Tiene el corazón dividido?


N.R.: sí, yo soy hincha de Alem. Toda la vida jugué allí, desde los ocho hasta los 24 años. Compartí un montón de cosas y vivo a una cuadra del club, pero Atlas se ganó parte de mi corazón, porque fue el primer equipo que me dio la oportunidad de realizarme como técnico y del que tengo un gran apoyo de la comisión directiva que me ha dejado trabajar muy bien, en especial hoy, donde el fútbol se mide por resultados y no por procesos. 


Estar en Atlas es un privilegio, porque las primeras cinco o seis fechas del presente campeonato quedamos últimos en la tabla de posiciones, pero continuamos, y más cuando hay técnicos que vienen y se sientan en la platea para ofrecerse; le estallaba el teléfono al presidente del Club, Rolando Borosky, pidiéndole una oportunidad de dirigir, pero se mantuvo firme y confió en este cuerpo técnico. Eso me hace estar eternamente agradecido, aun cuando me han salido otras ofertas. Mi ilusión era que saliéramos campeones; me quedé para eso, pero no se pudo. La revancha estaba en el reducido y lo luchamos a fondo, pero tampoco se logró. Ahora miraremos qué sucederá. 


B.P.: como usted lo indica, en todo este proceso le salieron otras ofertas laborales de otros equipos con más recursos y en categorías superiores ¿por qué seguir en Atlas?


N.R.: porque como muchas veces explico tengo un contrato moral con la institución, pero más que nada con mis jugadores. Levanté un teléfono y llamé a un jugador y le prometí que lo traía acá para salir campeón y yo no me puedo ir en la mitad del camino. Le debo respeto y agradecimiento a ese jugador, porque vino a un club al que no quería venir nadie. Si ellos me hicieron ese favor, no los puedo dejar tirados acá. Si Dios quiere, más adelante van a salir de nuevo esas ofertas lindas que surgieron en su momento, y si no, me quedo tranquilo con mi conciencia de que actué correctamente como persona.


B.P. ¿La ansiedad está matando al equipo, por la irregularidad demostrada?


N.R.: no. La explicación a esa irregularidad es porque, como le dije de entrada, este no es un súper equipo. Atlas es ordenado y el cuerpo técnico le exprime hasta lo último que tiene. Estoy muy conforme con lo que tengo, pero sabiendo que hay un techo, también. Para salir campeón hay que traer cinco o seis jugadores de otra técnica y de otra categoría”.


B.P.: en el reallity se han visto resquemores por parte de los otros equipos, porque Atlas ha recibido patrocinios y apoyo, debido en parte al programa de televisión ¿cómo trabaja mentalmente con sus muchachos para evitar que esto afecte y no se suba a la cabeza?


N.R.: con charlas continuas con el plantel para mantener la humildad. Es una casualidad que estemos en Atlas y que haya un programa de TV. Cuando te ves dentro de un año, no está más el programa y seguís siendo el tipo de siempre, que estás en la D, en la última categoría del fútbol argentino y no te podés agrandar en lo más mínimo. El que se agranda está equivocado. No por tener un programa de TV te hace tener un mayor presupuesto. Seguimos siendo uno de los equipos más chicos, con un corazón muy grande, que te hace estar allá arriba.   


Bien. Había llegado el momento. Terminó la entrevista y era hora de pedirle a “Reta” que me dejara, aunque fuese solo correr con los muchachos. Cuando jugué al fútbol en Colombia hice todas las categorías en la Liga de Fútbol de Bogotá y después de ganar y perder en torneos empresariales terminé mis días en un equipo de la Dimenor, en categoría única: Independiente Marsella, hoy extinto. ¿Qué más currículo futbolero? 


—Profe, ¿me da la palomita? —le dije a Retamar. —Amigo, no se ofenda, pero la comisión directiva me ha dicho que no se lo permita a nadie que no esté inscrito para jugar, por si hay una lesión. Si pasa, ¿cómo se responde? —aclaró.


Volví a la realidad y lo entendí. Al verlos en la cancha, a Bello, Severino, Davio, Bianchi, Leo Ortiz, que iba para la primera de Millonarios y Cesar “Rasta” Rodríguez, que probó en el Real Cartagena, entrenando, poniéndolo todo, yendo al piso con vehemencia, me di cuenta de por qué el fútbol en argentina, y en especial en Atlas es pasión. Aquí la meten toda, y por algo es una primera división y la diferencia con el fútbol amateur en Colombia es abismal, y mucho más cuando uno es medio tronco y rodillón. Había llegado la hora de escribir sobre la pelota y ya no de jugar con ella. 


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