Cotidianidad hecha noticia
Edición 193
Por: Carlos Fernando Álvarez C. Domingo 26 de Septiembre de 2010 20:25
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| Adiós al gusano |
| CAPÍTULO 18… |
| El prócer del mal |
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Los periodistas que cubrieron el fracasado proceso de paz del Caguán, en tiempos de Andrés Pastrana, se formaron una idea, un concepto de la personalidad de Jorge Briceño Suárez, o Víctor Julio Suárez, alias “mono jojoy”, abatido por las fuerzas militares.
Y es que, igual que el gusano al que debe su seudónimo (el jojoy), su capacidad destructiva de la naturaleza la llevaba impresa en su piel, en su mente, y en el hueco donde debió existir un alma que se pudrió y murió.
Como el jojoy perfora las hojas y destruye las plantas, Suárez llevó al extremo aquello que en mala hora acuñó el ex dirigente comunista Gerardo Molina, lo de “todas las formas de lucha son válidas”, concepto devenido hoy en terrorismo. Fueron invención de jojoy los cilindros bomba rellenos de metralla, ácido, brea, y hasta materia fecal, con el que las farc destruyeron poblaciones enteras, mataron civiles, policías, niños y ancianos a lo largo y ancho de la geografía nacional entre mediados del noventa e inicio del dos mil. También hizo tanques con volquetas, lideró las tomas más cruentas a bases militares en el país, como Las Delicias, Patascoy, Mitú, Miraflores, donde murieron decenas de uniformados y perdieron la libertad centenares, de los que aún hoy, se pudren algunos en la selva. Pero también extendió esta sombra abominable, como el secuestro a políticos y civiles.
Las llamadas “pescas milagrosas”, que uno de sus bastardos, alias Romaña comenzó en 1997, en Monterredondo, camino a Villavicencio, sembraron el terror y el miedo de todos los que teníamos que andar por las carreteras. Alguna vez, el ex ministro Rudolf Hommes le respondió de mala manera a un periodista que le preguntó si él creía que el proceso de paz había fracasado en el Caguán, y le ripostó si el comunicador “podía salir de Ciudad Bolívar o Juan Rey con tranquilidad”.
Por eso presentamos dos apartes del libro Hechos con Radionet, donde se recogen los testimonios de los periodistas que lo cubrieron, o sufrieron en el Caguán, y quienes no dejaron de dudar que Suárez era como el gusanito de marras, un destructor. Finalmente murió como el gusano, escondido bajo tierra y aplastado literalmente, porque como dice el refrán: “quien a hierro mata, a hierro muere”.