Cotidianidad hecha noticia
Edición 181
Por: Buque de Papel, Bogotá, *Fotos: José Herchel Ruiz Miércoles 21 de Julio de 2010 01:45
No importaron los ácaros y bacterias de más de un siglo para que el alcalde de la ciudad, Samuel Moreno, el presidente, Álvaro Uribe, así como toda la ciudad y el país se asombraran con la apertura de la urna del centenario.
El evento de indudable trascendencia histórica se llevó a cabo en el archivo de Bogotá, entidad adscrita la administración distrital, en medio de la presencia de periodistas internacionales y nacionales, concejales de la ciudad, e invitados especiales.
La expectativa no fue defraudada. En su interior se hallaron documentos fotográficos, libros, tesis de grado, mapas de la pequeña ciudad y facsímiles del acta de independencia de 1810, en perfecto estado de conservación, salvo el inevitable olor y algo de “tierrita”.
Culminaba así una saga de más de un siglo, donde los rumores también contribuyeron a aumentar el halo de misterio acerca del contenido de la caja. Se habló y durante años de la quema y saqueo de la caja, luego de los sucesos del 9 de abril del 48, o el bogotazo, (el levantamiento popular por el asesinato del líder político Jorge Eliécer Gaitán), o incluso que ya le habían extractado documentos valiosísimos que demostrarían, entre otros temas, quién era el autor intelectual del asesinato del mariscal, Antonio José de Sucre, escritos inéditos de Bolívar prendiendo el “ventilador”, contra todos y todo, o fotografías comprometedoras de personajes de la vida pública nacional. En fin ¡chismes que distorsionaron la historia!
Al final se comprobó, 100 años después, que la urna nunca fue abierta gracias al imbricado sistema de cerradura, que sólo abría con la llave desaparecida que regresó hace 10 días, y tampoco fue quemada, porque su material es incandescente y resiste las flamas, unas que habrían dejado huellas diferentes al óxido y deterioro normal de la urna, como se aprecia en las fotografías e imágenes de hoy.
Pero lo más sorprendente de su contenido eran las fotografías hermosas y a blanco y negro montadas en paspardú de color gris, un poco doblado por la humedad, pero como si acabasen de ser tomadas. La mayoría tenía su papel fotográfico bien conservado y de color blanco, ni siquiera sepia, como pasa con las placas antiguas. Ello, debido al cierre hermético de la caja marca Fichet, la más famosa del mundo.
En esas fotos vimos a la Bogotá de hace 100 años, tranquila, en crecimiento, con tan sólo nueve barrios y 140 mil habitantes, festejando el centenario, en el parque construido para esa efemérides del grito de la independencia, y con unos pabellones que parecían de película, cuando el cine estaba en pañales, como el egipcio, el de la industria, el japonés. Hoy sólo queda el quiosco de la luz, edificio reconstruido en una de las partes del parque que no fueron demolidas para dar paso a la calle 26 y los puentes, en los cincuenta. Así se le llamaba a la ciudad, la luz, y como ratificó el alcalde Moreno, “que en medio de las brumas se encaminaba al porvenir”.
A la pregunta de Buque de Papel, acerca de cómo se imagina a Bogotá dentro de cien años, el alcalde Moreno contestó que “hoy se están sentando las bases para esa Bogotá del futuro”. Con obras de alto costo político y polémicas, pero que serán de beneficio para la ciudad.
“En 100 años tendremos 8 o 9 líneas de metro”, dijo, al referirse al documento COMPES, firmado por el gobierno nacional y que le garantiza los recursos para iniciar la construcción del demorado transporte masivo por tren. “Sin duda alguna ese COMPES debe estar en la urna”, recalcó.