Cotidianidad hecha noticia
Edición 181
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy*, Especial para Buque de Papel, Bucaramanga Martes 15 de Diciembre de 2009 16:06
Antier, no más, terminó el III Encuentro Universal de Escritores en Bucaramanga. Fueron cuatro días y más de 20 presentaciones en parques, universidades, cárceles, esquinas de barrios, cafés conciertos, atrios de iglesias, casas de cultura y auditorios de sindicatos. Más de 30 poetas se dieron la mano con gente de la calle y lanzaron al aire su canto de paz y esperanzas.
De Venezuela, Argentina, Perú, Chile, Gran Bretaña y Ecuador llegaron caras lozanas y conformaron un haz de cuerpos hermanos junto con los 18 de la tierra anfitriona. Desde la mañana hasta que los ojos se cansaron anduvieron con liras, sonrisas, quejas y amores debajo del brazo.
En dos camionetas y la alfombra de los sueños viajaron por entre palmas, cujíes, almendros, tabaco, canelos y ceibas. Corrieron por el Área Metropolitana, en Girón, Piedecuesta y Floridablanca y sus pies se estiraron hasta San Gil y Socorro.
Todo fue una fiesta de palabras en verso y un paseo de sudor y cansancio e ilusiones con alas. En el Gran Cañón del río Chicamocha desde las alturas, la Hoja de Tabaco en el parque Panachi nos envolvió con su aroma.
Celina Garrido y los ojos azules que trajo desde Córdoba, Marcela Predieri y su nariz fina y Susana Lobo con su candor de madre tucumana pusieron el punto de calidad y de frescura humana. Venezuela nos trajo la alegría caraqueña con Keila y Alejandra Segovia. Marino López con su rostro incaico fue un ídolo entre todos y Tim Cloudsley, el británico, se portó como un niño enorme. La adustez del sueco-chileno Mario Encalada cerró el concierto de notas foráneas.
Las niñas Natalias, Londoño y Cruz captaron todas las miradas. De Cali llegaron con manjarblanco entre sus versos Gloria Medina y el que se suscribe. De las tierras paisas llegaron Ángela Penagos y Conrado Alzate para elevar la risa y condimentar la salsa. Del lejano Llano vino la araucana Lizneira Roncancio y con su gracia tejió amistades y el abrazo en el grupo.
Los poetas de casa dejaron en alto la gesta del bravo Galán y de la heroína Manuela Beltrán. Luis Carlos Orozco con su gallardía, Idania Ortiz, Javier Félix de vestido blanco, José Rueda con su bonhomía, Antonio Acevedo con su barba y sus gafas negras y Julio Spinel de talla gigante y cabeza brillante. Sus organizadores, el Comunero Mayor Hernando Ardila, Rubby Morales, Leyda Hernández, Hilda de Suárez, Amparo Moreno fueron dignos sucesores de las hormigas famosas por su trabajo y el don de gentes.
Queda el alma en vilo y la gratitud corre como el Chicamocha y el Fonce por entre las venas y labios de quienes asistimos. El balance de estos días es alto y grandioso. Son tres años de sudores y búsquedas, de carreras y vigilias fecundas. Sus organizadores quedarán con su horizonte lleno y su lago quieto. El fruto de sus horas y meses en vela es rico y profundo. Han puesto un hito en el mundo y la poesía se ha oído por calles y barrios, por viejos y niños y ha salido de círculos oscuros y diques cerrados. Suena la proclama final: Qué haces tú, intelectual, que has viajado, que has leído tragedias y comedias, por esta patria, América, paloma desgarrada?
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